El Estado Marroquí reconoció sus crímenes en la persecución a activistas durante los primeros años de lucha por la democracia. Se ofrecieron indemnizaciones a las víctimas. Sin embargo, yo fui uno de los que rechazó la indemnización por las siguientes razones:
1- Cuando me arrestaron, mi hija tenía menos de un año. Fue privada de su padre durante los 6 años que pasé en prisión a partir del 6 de noviembre de 1985, día en que me detuvieron en el puerto (el mismo día que Amina Tahany sufrió su martirio) al llegar de Francia. Tan sólo la había visto tres días cuando nació.
2- Cuando me arrestaron, mi hermano Seddik estaba recibiendo tratamiento por un cáncer en Marsella. Tan pronto como supo que había sido detenido abandonó el tratamiento y volvió a Marruecos para estar a mi lado. Lucho contra la enfermedad sin tratamiento hasta su muerte en 1996.
3- En diciembre de 1987, a raíz de la huelga de hambre que había llevado a cabo el «grupo 26» de presos políticos, fui sometido a una salvage sesión de tortura en la prisión local de Tánger por la que exijo justicia desde entonces.
Esos daños no se pueden compensar con millones… es por eso que hemos exigido en el Consejo por la Verdad y la Equidad que se juzgue a los responsables de tantos años de súplicas. Para evitar la repetición de esas tragedias en nuestro país.
Hoy estoy reviviendo esas tragedias con mi compañera Wafae Charaf a la que quiero expresar, una vez más, mi solidaridad incondicional.
Boubker Elkhamlichi fue activista encarcelado y político internacionalista (grupo 26). En 1985 fue acusado de conspiración contra el Estado y pasó 6 años en prisión.
El 20 de octubre de 2014, el Tribunal de Apelación de Tánger lo condenó a un año de prisión suspendida y una multa de 1000 DH. Después de haber sido juzgado con Wafae Charaf por colaborar en «la falsa denuncia» que ha llevado a Wafae a ser condenada 2 años de prisión y una indemnización de 50.000 a pagar (tanto Wafae como Boubker) a la Administración Nacional de Seguridad.




